Juan Carlos Vivó Córcoles

En el año 35, justo antes de iniciarse la Guerra Civil, al año de la boda de Eduardo y María, era una bendición para cualquier hogar el poder criar dos gorrinos. Y más cuando muchas familias la abstinencia de no comer carne la llevaban a la fuerza hasta los días que no marcaba para tal ejercicio espiritual la Santa Madre Iglesia Católica.

María estaba haciendo sus cuentas. Uno de los dos gorrinos se sacrificará para tener una sólida reserva de alimentos que les sacase de la dieta habitual donde la carne escaseaba. Casi con seguridad las partes más nobles, como los lomos, solomillos y jamones los venderían, junto con el segundo cerdo completo, por supuesto.

Al casarse, María y Eduardo fueron a vivir a una casa propiedad del padre de la joven esposa quien, por ser hija única, no tenía que partir con ningún heredero, que solía y suele ser causa de conflictos entre hermanos. Eduardo, por su parte, era de familia menos pudiente y estaba encantado de dormir bajo un techo que no se caía a trozos, como el de sus padres, y que disponía de un patio y de dependencias suficientes como gorrineras y conejeras para  no tener que estar mezclado con los animales. Con todo, la cocina y la cocinilla necesitaban una reforma debido a que, cuando una casa está cerrada mucho tiempo parece como que le perdiese el ánima y languideciese, llegando a ruina. Las casas tienen vida propia y sanan de sus enfermedades en cuanto sienten el calor de una lumbre en la chimenea o de un brasero de ascuas calentando una cama o huelen, hambrientas el olor dulce de un cocido. Para tal misión el segundo gorrino era pintiparada para, en la Feria de Albacete, hacer negocio y, con las pesetas volver a su ser lugares tan importantes de una casa. La idea de María era, pues, propia de la condición femenina, siempre tan práctica y sensata.

A primeros de septiembre se celebra la Feria de Albacete. Era costumbre en los pueblos cercanos a la ciudad, como el Argamasón, aviar el carro, uncir las mulas y cargar aquello que se quería vender en tan famosa feria de ganados. Junto al aljibe, se montaba por la mañana temprano del día 6 una caravana de carros que vaciaba medio pueblo para poder estar el día 7 en la cabalgata de inauguración de la Feria. Por el camino que llevaba a Albacete se formaba una fila de diez o doce carromatos que partían del Argamasón. Al llegar a Albacete acampaban en la cuerda, junto al muro más exterior del recinto ferial. Se le puso tal nombre porque existía una gruesa soga fijada a dicha pared por el Excelentísimo Ayuntamiento, para que sirviera de amarre de los caballos, las mulas y los burros con los que los pueblerinos se desplazaban a la ciudad.

El viaje era corto, unas cuantas leguas, pero se hizo en condiciones penosas para el joven matrimonio, porque Marcos, que así llamaban al gorrino destinado a la venta, era un mozo muy bien criado y fuerte y ocupaba casi toda la barca del carro, por no hablar de lo nervioso que se puso de verse en tal trance, y del mal olor y de los excrementos y orinas propios de tan sucio animal que abundaban sobremanera, como cuando nos pasaría a nosotros si nos viésemos en tal trance o parecido. El peso del porcino y su incesante movimiento nervioso hacían chirriar de lo lindo a las palomillas de los ejes de las ruedas, amenazando romperse. Al llegar, María y Eduardo ataron a Paloma, la mula que con paciencia había tirado del carruaje, bajaron el gorrino y limpiaron la caja del carro con recios escobones y abundante agua y jabón de losa. Lo habilitaron después, como almacén de alimentos y pertenencias varias y debajo de la barriga, tendieron unas mantas que servían de dormitorio conyugal durante la noche y a la hora de la siesta. El cerdo estaba atado con una soga al otro extremo del carro, constantemente vigilado por uno de los dos para evitar su robo.

Pero no sólo se desplazaban de los pueblos a la Feria de Albacete para vender productos de la tierra o algún animal, sino también para comprar aquello que era raro encontrar en un pueblo o, como Eduardo y María, a conseguir algunos dineritos. Pero, además, se iba a divertirse. Las animadas verbenas eras muy visitadas. Los puestos de churros y chocolate, se llenaban todas las mañanas. Las atracciones del Paseo de la Feria atraían a muchos niños. Pero los dos espectáculos señeros de la Feria eran los toros y el circo. La plaza de toros había sido construida a principios de siglo por lo que era uno de los edificios públicos más imponentes y modernos de la ciudad, cimentando una de las ferias taurinas más importantes de España. Se construyó en estilo neomudéjar, como otras plazas como la de las Arenas de Barcelona, hoy convertida tristemente en un centro comercial, y las Ventas de Madrid, entre otras. Se buscaba entonces en toda Europa un estilo arquitectónico que definiera la identidad de cada país. En España se encontró en el mudéjar, tal y como lo definió Amador de los Ríos en su discurso de entrada a la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1859 titulado “El estilo mudéjar, en arquitectura”; en Francia, se encontró en el gótico, por aquello del abate Suger y la Abadía de Saint Denis, considerada el origen de tal estilo. Por eso, en un edificio que define la esencia de lo español, como un coso taurino, se construye imitando el mudéjar casi simultáneamente en varios lugares del país.

Los toros se consideraban, en los años treinta un espectáculo propio de hombres. Las mujeres admitidas eran pocas y estaban mal vistas en un espectáculo mucho más sangriento que el toreo actual (caballos que morían con las tripas abiertas por no usar petos, suerte de varas completa…), aunque ya se relajaba algo dicha disciplina excluyente del sexo femenino. Sin embargo, el circo era un entretenimiento propio de niños y mujeres. Sobre todo los toros eran caros para los ingresos de unos humildes agricultores como María y Eduardo. El circo tampoco era barato que digamos. Lo que suponía un esfuerzo no era tanto el precio de las entradas, más módico que el de los toros, sino el hecho de que iban las mujeres y sus hijos, por lo que había que sacar tres, cuatro, cinco o las entradas que fuesen necesarias.

Eduardo, era muy aficionado a los toros. Otros años ahorraba lo que podía, para poder adquirir una entrada. En cuanto llegaba a la Feria, lo primero era ir a las taquillas de la plaza de toros para asegurarse un asiento justo el día en que los vecinos del Argamasón acordaban para poder ir a la misma corrida. Sin embargo, ese año, a escondidas de María, había ideado una treta. Con don Manuel, un tratante de ganados de Albacete que se dejó caer por el Argamasón, ya había apalabrado y cerrado la venta de Marcos sin decirle palabra a María. Don Manuel no era tonto y, como buen negociante, quería quedarse a toda costa el animal, para acabar de criarlo y sacrificarlo en noviembre. El precio de la carne del animal despiezado iba a valer el doble que si se vendiese en vivo. Y de verdad que el cochino daba envidia por su peso y por lo sano y saludable que se mostraba. Por ello le adelantó a Eduardo, en señal, la mitad del valor acordado por el animal, para que no se lo birlase nadie. Entonces la palabra dada era sagrada y no hacía falta más papel firmado que un apretón de manos y un vaso de vino. Eduardo quedó con el tratante en que, justo el primer día de feria, en torno al mediodía, se acercase don Manuel con dos peones para llevarse el animal en el momento en que su mujer se ausentase con sus amigas a dar una vuelta por el recinto ferial a ver los puestos y a probarse unas enaguas que le hacían tilín. En ese momento, el tratante le pagaría lo que faltaba y se consumaría la transacción.

Efectivamente al volver María de su paseo se encontró con que el gorrino ya no estaba. Su marido la esperaba y le entregó una parte del dinero que le había pagado el tratante, no todo. A María se le antojó poco y le recriminó el que quizá había hecho una mala venta y que puede que lo hubieran engañado. Con tan pocos duros para poca reforma de la casa iba a dar. Eduardo calló, aguantando el chaparrón hasta que escampó.

Esa misma tarde se celebraba la primera novillada y Eduardo se escabulló de su mujer como pudo, justo a la hora en que sesteaban. Al volver Eduardo de los toros le preguntó que de dónde venía. Él le contestó que de dar un paseo, que tenía calor y que prefirió ir a los jardinillos de la feria donde había sombra. Debajo del carro se notaba el bochorno de un día cálido pero con los cielos cubiertos. De los peores del seco verano albaceteño. Los dos días siguientes se repitieron las circunstancias de tan sigilosa fuga con destino a los toros.

Al cuarto día, a María le fue Josefa, su vecina: “Pues ¿no he visto entrar a tu marido a la plaza toros hace un rato? Creía que eran visiones, pero me acerqué a él y efectivamente lo vi. ¡Anda con el millonario, pensé!”. Esto extrañó mucho a María y dio por carburar mucho a la molondra no intentando disimular su mosqueo. A las dos horas, media hora después de que terminase el festejo taurino, volvió su marido con la misma excusa de otros días: el calor que le impedía dormir y el frescor de la cercanía de las fuentes y de la sombra de los pinos.

Al día siguiente, María se acostó a la siesta con Eduardo, pero se esforzó en no dormirse. Al sentir cómo su esposo abría la manta, observar cómo se lavaba la cara con la zafa, se ponía la chaqueta y se echaba a andar en dirección al coso taurino, fue tras él. Lo esperó a la salida y en cuanto lo vio fue a su encuentro para pedirle explicaciones, toda furiosa. La cara de pasmo de su esposo fue para ponerle un marco.

Resulta que Eduardo, movido por su afición a los toros, había ideado la treta de vender a Marcos sin que su mujer lo supiera y engañarla. Con las dos terceras partes del dinero de la venta se sacó abono para toda la feria de toros, lo que habría sido imposible para su economía si no hubiese sido así. Cumplió su sueño a costa, eso sí, de un serio problema conyugal, al inicio de su matrimonio, de emocionarse con el toreo de capote de Armillita, con el temple majestuoso de los naturales de Barrera y con el valor de entrar a matar recibiendo del novillero Jaime Pericas.

El resultado fue que María estuvo casi un año sin hablarle a Eduardo, provocando la primera crisis matrimonial de un matrimonio que con sus más y sus menos llegó hasta casi los setenta años de feliz convivencia. Sin embargo, entonces, las únicas palabras que se dirigieron eran las imprescindibles para el buen gobierno de la casa. El control de los dineros y negocios del matrimonio por parte de María fue férreo, no permitiendo a Eduardo ni tomar un recuelo con sus amigotes del casino. Y se rumorea que lo mantuvo en tal abstinencia de sexo que creía ser el pobre Eduardo uno de esos atenienses mantenidos en huelga de toda actividad lúbrica por Lisístrata y las mujeres de Atenas hasta que cesase la guerra.

Por supuesto que muchos otros motivos provocarían situaciones parecidas o más graves incluso en sus muchos años de matrimonio. Poco a poco, la tensión se relajó. Fueron inteligentes y pusieron de su parte para que, las aguas volvieran a su cauce, cosa que muchas parejas de hoy en día no tienen y por la mínima ya están con los papeles en el juzgado. Dios quiera que muchas crisis de pareja se resolvieran así, con paciencia, perdonando y sabiendo valorar que la reforma de una cocina puede esperar un tiempo. Con todo ¡qué bien se lo pasó Eduardo ese año! ¡Lo que pudo presumir años y años en el casino con tal hazaña que ningún esposo se atrevió a siquiera soñar emular! ¡Y lo que se pudo emocionar con María, cuando ya viejos, contaban esta historia a sus nietos!

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La vida del apóstol San Pablo es parecida, mutatis mutandis, a lo que hoy en día llamaríamos un emprendedor: es un hombre siempre en camino, siempre en cambio, sin miedo a nuevos retos, comportasen los sacrificios que fuesen necesarios. Tras su conversión, debido a haberse críado en la diáspora judía, en contacto estrecho con la cultura tardohelenística de la populosa ciudad de Antioquía, tuvo claro que el futuro del cristianismo no pasaba por predicarse al interior de la comunidad judía, al contrario. En el Concilio de Jerusalén tuvo que disputar agriamente con muchos de los demás apóstoles que pretendían lo contrario. El Evangelio, según intuyó Pablo, era para todo hombre y para toda cultura. Por eso, durante años anduvo por el Oriente del Imperio Romano, en concreto por Palestina y Siria, la península de Anatolia y por Grecia, hasta terminar en Roma.

Actuaba muy metódicamente. Llegaba a una ciudad y predicaba el mensaje de la Resurrección. Tenía más o menos éxito. Si conseguía la conversión de un pequeño grupo de vecinos, se dedicaba a instruirlos y a formar con ellos una comunidad lo más organizada Posible. Pero, en cuanto consideraba que el grupo estaba ya maduro, y podía regirse por sí mismo, hacía el hato y vuelta a empezar en otro lugar. Sin embargo nunca dejaba de tutelar a la comunidad de la que partía. Se interesaba por recibir mensajes y por atender a viajeros que constantemente le visitaban. Sus cartas son fruto de esa relación de cuidador solícito que mantenía con sus fundaciones. Cuando se enteraba de un problema concreto (como cuando intervino en la dividida comunidad de Corinto) les escribía. Con ello, su magisterio era más que tenido en cuenta y ejercía un efecto sanador basado en su autoridad apostólica.

Vivimos tiempos complicados, de incertidumbre, cambios, dolor, esfuerzo sin recompensa… Quizá no más duros que otros tiempos, como los de san Pablo, pero sí que es cierto que cada tiempo tiene su afán y toda comparación es odiosa.

Sin embargo, el tiempo de prueba es necesario. Acomodarnos, no cambiar, nunca es bueno. El exceso de sofá cómodo atrofia los músculos de cualquiera, aunque la calma y la paz sean deseables un tiempo e imprescindible el descanso y la tregua en mitad de la batalla. Echar la vista atrás lleva a que encontremos momentos en los cuales luchamos por conseguir un fin, cumplir un anhelo, alcanzar una meta. También hay instantes y estados de tranquilidad en los que hemos llegado a un estado de calma, en los que parece que disfrutamos de lo conseguimos, en que sólo hemos de de gestionar el logro exitoso; pero de pronto, o bien sobreviene el imprevisto, o bien, la rutina, el aburrimiento u otros factores nos hacen sentirnos a disgusto y querer dejarlo todo y buscar perspectivas nuevas. Es un sino inevitable en el ser humano que quiere crecer: el inconformismo.

Tenemos que estar preparados para afrontar el imprevisto (una persona que desaparece, que nos deja; un trabajo que perdemos sin esperar; un accidente…). Pero, superado el primer  golpe, tras el noqueo inicial, no hay más remedio que echar a andar. No tenemos recetas para responder a la variada casuística de cada situación, pero sí que podemos atesorar recursos para recuperarnos (resiliencia, creo que le llaman a eso. ¡Qué palabro, Señor! Resistencia a la adversidad, en definitiva) y que la caída no se convierta en derrota permanente. “Fecundo en ardides” era el epíteto que Homero daba a Odiseo. Un hombre de recursos, astuto, que a todo era capaz de dar solución con un espíritu de lo más ingenioso.

Pero, sin embargo, aun contando con ello, estoy convencido de que la mayor parte de los cambios que nos han sucedido han sido conscientemente buscados. O bien por culpa de nuestros errores, o bien a causa de una adecuada aplicación de nuestra voluntad, inteligencia y demás talentos a todos y cada uno de los retos que tenemos delante. Dido, al perder a Eneas, estuvo abocada al suicidio al no poder retener junto a sí al amor de su vida. Teniendo en cuenta que los dioses griegos marcaban el destino de los mortales, poco podía hacer. Pero ¿el suicidio fue la mejor salida? Desde nuestro punto de vista, no.

Lo malo en parte puede ser imprevisto, pero en buena medida buscado. No hay que echar balones fuera. En general, nuestros problemas son nuestra responsabilidad, sumados, por supuesto, a lo que los demás ponen de su parte. Lo que nos ayuda a crecer es aprender de ellos, analizarlos bien, extrayendo lo bueno y convirtiéndolo en lección, para que se transformen en estímulo. Es terrible quedarnos en el error y que sea paralizante o que incluso nos destruya. Conozco casos de personas que tras una experiencia traumática generan tal miedo que no desean repetir la experiencia, aun a sabiendas de que puede que no se repita. Se cierran a buscar el amor de otra persona porque sus vivencias anteriores han sido traumáticas; creen que no son capaces de llevar a cabo una tarea parecida a la que han fracasado, etc. Cuando no es así. Somos como un viajero en una estación de trenes. Van pasando uno tras otro y por miedo a caer a la vía no subimos a ninguno. Al final, la vida se nos pasa en el andén y nos lamentamos de que otros sí lo hicieron y explotaron la oportunidad que nosotros no quisimos aprovechar por miedo a cambiar y abandonar la comodidad de nuestro sofá.

 

Esto de saber algo de latín y descubrir la evolución de sus palabras hasta el español te manifiesta verdaderas preciosidades en la etimología y en los cambios semánticos que se producen en ellas. Así, la palabra “persona”, en un principio, tenía un significado muy concreto: el de la máscara que usaban los actores en el teatro. Posteriormente, pasa a designar la persona completa. Cicerón distingue cuatro usos: el de apariencia, el de rol social, el de personalidad y el de unidad de cuerpo y alma. El proceso va adquiriendo, pues, abstracción paulatina, englobando muchos más aspectos que al principio. El viaje del vocablo fue, por tanto, de lo externo y superficial a la totalidad del ser humano, de una careta, a designar a esa realidad tan compleja de nuestra especie. De la superficie al todo, en definitiva, comprendiendo al ser humano como una totalidad, sin reduccionismos.

Puede que una de las corrientes de pensamiento que más hayan hecho por una comprensión del ser humano totalizante haya sido el personalismo, a lo Mounier. La tentación de la mayoría de corrientes filosóficas contemporáneas, sin embargo, ha sido la contraria: el reduccionismo antropológico. A la persona se la enfoca desde uno de sus aspectos exclusivamente. Toda otra manifestación está explicada desde ese punto de vista, siendo, por tanto, un derivado suyo: el ser humano es la economía y sólo economía; el ser humano es angustia vital desesperada y solo eso; el ser humano es mera conciencia, o intuición, o incluso sólo erótica, como defendía Freud en alguna de sus obras. Sin embargo, se echan en falta visiones totalizadoras. En el fondo, pienso que se trata del esfuerzo de la racionalidad ilustrada, cuando se endiosa a sí misma, en un uso perverso, por dominar al ser humano, excelentemente aprovechado por el sistema económico y político de turno, sea el que sea.

Por influencia de algunas personas he empezado a leer artículos en Internet sobre Recursos Humanos. La verdad es que me interesa mucho. Porque además de los modos y medios de seleccionar a un candidato para un puesto de trabajo, se tocan contenidos intelectuales que me estimulan como los relacionados con el mundo de la psicología (motivación, esfuerzo, mejora personal, habilidades personales, autosuperación, visión positiva de la vida), con el mundo de la sociología (los equipos y su gestión, la interacción humana, el conflicto y su resolución), con el mundo político y social (el desempleo, la pobreza, la justa remuneración del trabajo, etc.), con el mundo antropológico y filosófico (qué es el homo laboralis, qué percepción de la persona hay detrás, la filosofía del trabajo…) y con el mundo de la educación (formación, capacidades, adiestramiento). Percibo por tanto, desde fuera, los Recursos humanos como un campo interdisciplinar fascinante donde se está produciendo una reflexión sobre el ser humano más profunda de lo que podría parecer la mera selección de personal o la tramitación de un alta laboral o el cálculo de un nómina.

Pues bien, quiero, sin embargo, exponer una queja: el que a la persona se la denomine “Recurso humano”. Oiga usted, que yo no soy un recurso humano. Que soy un ser humano que trabaja, un trabajador y no sólo eso, alguien que quiere hacer de su trabajo un medio de vida digno con el que satisfacer sus necesidades, con el que crear y mantener a una familia, con el que realizarse como persona, e incluso, en el caso de un creyente como yo, colaborar en la obra de la Creación. Pero la expresión me suena odiosa: “Recurso humano”. Da la sensación de que se me quiere reducir a algo al mismo nivel que un “recurso no humano”: una máquina, una herramienta más. Se cuela en una disciplina seria el reduccionismo antropológico propio de la razón moderna, como ocurre en otros campos. Eso opino.

Se habla, por ejemplo, siendo más concretos, de selección de personal, de cómo seleccionar. Evidentemente, hay que ver qué persona es más idónea para cada puesto de trabajo. Me ponen una azada y un bancal para que trace un surco recto y veremos si no se le parece a una carretera del Himalaya. Pero cuando leo “selección de personal” se me viene a la cabeza un rebaño de ovejas, en el que un pastor omnipotente buscase a la más perfecta desechando a las demás. Y yo, de oveja tengo poco, de ovejo, algo.

Por otro lado se ve como normal, y parece que está de moda, el investigar la huella que dejamos en Internet y en las Redes Sociales y, como leí hace no mucho, se llega a pedir incluso la clave de Facebook para que el selector de personal investigue si el candidato ha colgado alguna foto bebido tras salir de una fiesta. Si no se entregan las claves, no se es admitido al proceso de selección. Es condición sine qua non.

Dejando de lado innumerables ejemplos que se podrían enunciar, la verdad trabajo es algo hermoso. Fatigante, pero necesario. Qué placer nos produce algo que hemos hecho con nuestras manos, algo bello, bien hecho, que sirve, que es útil, que se valora por los demás, que se nos felicita por ello. El acceso a él es un derecho; las condiciones de trabajo y la remuneración del mismo, otro. A la selección de personal habría que pedirle que fuera de seres humanos, de personas, no de recursos humanos.

En el fondo es lo mismo de siempre: reducir a la persona a un eslabón de la cadena productiva, a algo usable, como se puede usar un martillo, a algo a lo que se le puede extraer rendimiento hasta exprimir y, si se rompe, o se vuelve molesto porque pide cosas o cuestiona usos, a una pieza sustituible por otra. Por eso se elige como se puede hacer con una broca de tal calibre para tal uso concreto, nada más.

¿Se considera al candidato al puesto de trabajo como alguien que piensa, que siente, que sufre y se alegra, que tiene un cuerpo que muchas veces es frágil, que tiene una historia detrás y un futuro delante, que vive un presente, que tiene consigo a otras personas que la quieren o que están a su cargo, que pretende, en definitiva, ganarse la vida honrada y justamente con el sudor de su frente?

Quiero que quien me elija me vea como un todo, en mi dignidad y una vez elegido me trate como debe ser, y si no cuenta conmigo, también. No soy un recurso humano, soy una persona. Dejé hace tiempo de ser la máscara de un actor. Las palabras, en definitiva, dicen mucho, no son flatus vocis, términos vacíos, mera conjunción armónica de fonemas. El significante que se use denota una intencionalidad, por eso no tiene un significado neutro un término u otro. No vale uno u otro. Las palabras expresan siempre la intencionalidad de quien las usa.

Twitter

Posted on: 3 julio 2012

Querida amiga: sabes que twitter es mi red social. Una red en la que haya que sentarse para estar en ella no puede ser “mi red social”. La ubicuidad que los dispositivos móviles como los smartphones o las tabletas están proporcionando a los usuarios otorga a twitter, a mi modo de entender, el estatuto de “red de redes”.

Amiga, quiero darte una serie de recomendaciones de cómo estar en twitter, pequeñas intuiciones que parten de mi experiencia. Nada de sesudas estadísticas o teorías al uso.

Tanto te he hablado de él que ya has abierto una cuenta. Manuales, recomendaciones desde el mundo del “socialmedia” o desde otros ámbitos profesionales como el marketing, el periodismo, la política encontrarás muchos y muy útiles. Seguro que de algo te servirán. Pero, sin embargo, prefiero ponerme en tu lugar, el lugar de una persona cualquiera que va a iniciarse en el manejo de twitter, mi amiga. El andar hace el camino, que diría el poeta. El mejor maestro en twitter es la experiencia.

  • En primer lugar te pediría un poco de paciencia. Twitter requiere un aprendizaje, un tiempo. Mi descubrimiento de twitter fue en Eventoblog del 2008, en Sevilla. Twitter en España aún era algo sólo conocido en el mundo geek. Hice mi maleta y me fui para allá. Allí, en una pantalla gigante, los participantes escribían una serie de mensajitos que bajaban a gran velocidad. A un señor de cierta edad le pregunté qué era aquello. Me contestó: twitter. Dio también la casualidad de que una de las ponencias, que seguí con mucha atención la pronunció Biz Stone, uno de los fundadores de twitter. Enseguida abrí mi cuenta y me puse a seguir a los ponentes y a poca gente más. Después, a algún famosillo que otro y a alguna cuenta corporativa, medios de comunicación… Pero no entendía nada. Hablaba y nadie me contestaba, preguntaba y no obtenía respuestas. No había interacción, de tal modo que dejé la cuenta en suspenso hasta hace dos años en que empecé a convertirme en un usuario activo.
  • Hazte constantemente las preguntas de por qué y para qué estás en twitter. Márcate un objetivo. Uno no pierde (o gana) su tiempo en twitter si no es por algo. Ya sea un objetivo relacional (amistades, nuevas personas…) o un objetivo informativo, de aportación de contenidos, de creación de marca personal, de consecución de estatus de experto en alguna materia u otro cualquiera. Si alguna vez te aburre, pierde sentido o no estás cómoda, tómate unas vacaciones o incluso piensa en desaparecer de twitter.
  • Piénsate, querida amiga, qué tipo de perfil quieres: uno profesional, uno personal o uno semiprofesional, mezcla de ambos. Mi twitter tiende más hacia lo personal que hacia lo profesional. Nunca ha tenido un perfil disciplinadamente serio, todo lo contrario. Sin embargo, tras meses de sólo un “buenos días”, cuatro risas y alguna barbaridad, he descubierto que como me siento más cómodo es en un punto intermedio. Por un lado me encanta enlazar contenidos, difundir mi blog, mis #reflexiones que son seguidas por un grupo de gente amplio. Pero no renuncio a mandar un beso o a expresar mis sentimientos e ideas en abierto, divertirme, subir una foto o compartir un vídeo de un grupo musical o cantante que me gustan. Busca, amiga, el lugar donde estés más cómoda. Una chica, una vez, me recriminó que twitter no era lugar de sentimientos sino de banalidades. Su afirmación, tras ella saber mucho de mí y yo casi nada de ella, supuso que la bloqueara casi inmediatamente. No vi reciprocidad. Otra me dijo que mis publicaciones eran muy serias y que no mostraba abiertamente mi personalidad. Te prometo que a veces no sé qué pensar de mi modo de actuar en twitter si doy lugar a opiniones tan extremas. Al final he llegado a la conclusión de que tan aburridos son los perfiles serios como los que sólo son un montón de risas sin sentido o una colección de fotografías de lo que se comen o beben (en un sentido estrictamente gastronómico).
  • Cuida tu privacidad (o no, si no quieres). Eres libre y responsable de tus actos en twitter. Has de saber que lo que publicas ahí queda, que muestra parte de lo que eres y que crea una imagen más o menos adecuada de lo que eres. Si quieres mantener un personaje, allá tú. Hay muchos a los que así les va bien. De cara al público muestran un estilo y una forma de hacer inconfundibles, pero no sabes quién hay detrás. Sólo puedes intuir algo. Otros se muestran transparentes como ellos solos y también les va bien.
  • Créate un código de comportamiento y unas normas y síguelas al pie de la letra. Evidentemente, está lo legal, que marca unos límites claros. Pero cierta disciplina personal no está mal. Una norma que yo sigo, por poner un ejemplo, es no hablar dando muchos detalles de mi trabajo y por supuesto, no hablar mal de él. En primer lugar porque no tengo motivos para ello, pero si los tuviera no lo haría. No soy tampoco persona que de buenas a primera asalte a DM a todo el mundo. Soy respetuoso. Pero ya te digo, es sólo una recomendación.
  • Por otro lado, sigue al grupo de personas que creas que te puedas manejar sin que twitter se te vaya de las manos. Da igual que sigas a cinco personas que a cinco mil. Lo bueno es que te quedes con quien quieras. Yo tengo unos dos mil seguidores. De ellos mantengo un trato cotidiano con unos doscientos o trescientos. Por supuesto dentro de ese grupo hay gente que conocía ya anteriormente y personas que he podido conocer personalmente y otros que creo que sólo se quedarán en un estricto espacio 2.0, lo que no disminuye en nada la intensidad de esa relación.
  • Profundiza poco a poco en algunos perfiles, querida amiga, en los que más te atraigan. Tras un perfil en twitter hay un ser humano. Interactúa, habla, saluda, preocúpate por ellos, anímales, ríete, sé confidente y confía. Eso sí, selecciona. Ten un poco de cuidado. El concepto de amigo en twitter se le aplica a cualquiera muy alegremente. Muchas veces no sabes si tienes un amigo o un cotilla a tu lado, si sus intenciones son buenas o pretende obtener algo de ti. El instinto y la experiencia te harán valorar a quién tienes delante.
  • Pero que sepas que encontrarás gente maravillosa y que tu mundo social se ampliará enormemente. No desaproveches la oportunidad que se te brinda de ampliar tu mundo. Tu vida se beneficiará sin dudarlo. Se te abrirán oportunidades de darte y de recibir. Una persona me dice que está asombrada de que me preocupe más por ella que personas con las que convive a diario; otra me dijo que yo le hago menos egoísta. La influencia que ejercemos sobre los demás en la vida normal se puede ver ampliada porque twitter favorece la confianza y la comunicación profunda. No sé por qué pero es así.
  • Anímate a “desvirtualizar”. Es una experiencia muy enriquecedora pero no la mitifiques. Ha habido personas que he conocido cara a cara que me han cambiado la vida y que se han convertido en parte importantísima de mí. Me influyen tanto que son amistades de primer orden. Pero también he conocido a personas que me han dejado totalmente indiferente y mi twitter con ellos no ha cambiado para nada. E incluso, una persona me ha defraudado muchísimo porque vi cosas que no cuadraban en ella: una imagen maravillosa en twitter y un comportamiento muy deficiente en la vida real.
  • Prepárate para cualquier cosa. Twitter es un reflejo de la vida misma y te puede pasar de todo. Meterás la pata, mucho. Una vez, tuve una publicación desgraciada. Casi supuso crear un problema irreparable. Te puedes encontrar también quien te pierda el respeto, que no acepte tus ideas, que te insulte, que sufras una agresión o que te pierda el respeto. Eres mujer y joven. Muchos hombres, en twitter buscan lo que buscan. Si te encuentras incómoda, no lo dudes: a dejar de seguir y a bloquear. Ojalá pudiésemos hacer lo mismo con el vecino chinche del piso de arriba.
  • Encontrarás quien te ayudará a crecer como persona. Te aportará ideas, conocimiento. También verás valores o testimonios impresionantes. Sigo a una persona que tiene un blog donde expone los avances de sus hijos con minusvalías. Algo precioso. También puede haber espacio para el amor. Que de todo se ha visto y en las Redes Sociales puede surgir una pareja.
  • Potencia tus inquietudes profesionales. Sigue perfiles del ámbito donde te mueves. Seguro que muchos de los grandes profesionales de tu ramo, tienen un blog, publican y se mueven en twitter. Síguelos y encontrarás fuentes de información y quién sabe si apoyo en tu trabajo. Quizá te valoren por tu presencia en twitter y quieran contar contigo en lo profesional. Yo he publicado en una web profesional gracias a twitter y pienso seguir haciéndolo.
  • Twitter no lo es todo. Intégralo en tu persona como una dimensión más, pero la vida es mucho más rica. Twitter amplía tu vida pero no es sólo tu vida. Airéate de vez en cuando, tómate un descanso, incluso abandona twitter una temporada. No pasa nada. Y no te preocupes si un día no publicas o si al día siguiente no has hecho otra cosa más que estar en twitter. Lo importante es que las redes sociales sean algo que te abra campo pero que no te limite en tu vida social y personal.
  • En definitiva, que twitter es maravilloso y que hay que tirarse a la piscina. Crecerás. Besos.

#Bebeabu, abuelita, bolita, hace dos meses ya que nos dejaste, pero quiero darte las gracias. Es lo último que puedo hacer por ti. Vuelvo al blog tras tres meses sin escribir porque te debía esto y me ha costado lo mío escribirlo. Si escribía algo antes sentía como que te estaba faltando.

  • Gracias, Dios mío, por haber hecho nacer a mi #bebeabu del abuelo Domingo y la abuela María y haberla hecho vivir noventa y un años.
  • Gracias por haber encontrado al abuelo y haber vivido con él setenta y cinco años compartiendo alegrías y penas. Mi hermana y yo decimos a menudo que vuestro matrimonio es el amor que quisiéramos para nosotros.
  • Gracias por haber traído al mundo a cuatro hijos, entre los cuales está mi madre.
  • Gracias por haber cuidado de ellos mientras el abuelo estaba movilizado, durante la Guerra Civil que, aunque lo tenían en plana mayor, haciéndoles café a los oficiales de su regimiento, sin pegar un tiro, fueron casi tres años sin él.
  • Gracias por haber soportado el peso de la familia cuando el abuelo se quedó ciego en el año 46, con tres niños pequeños. En el pueblo decían que os ibais a morir de hambre pero, gracias a tu fuerza y a no tener miedo al trabajo, pudisteis progresar.
  • Gracias por tener el valor de dejar el pueblo e ir a la ciudad en busca de una vida donde no se trabajase de sol a sol, buscando un porvenir mejor para tus hijos.
  • Gracias por contribuir a crear una gran comunidad de vecinos en tu bloque de pisos de Albacete, donde se vivía como en una gran familia.
  • Gracias por alegrarte con mi nacimiento y por no importarte cuidarme en mi más tierna infancia, cuando mis padres se fueron a trabajar a Suiza y me dejaron a tu cargo.
  • Gracias por estar ocho meses en la Fe de Valencia al lado de un hijo de catorce años, sin separarte de su cama, viendo cómo se te moría de cáncer.
  • Gracias por proteger a mi madre y a nosotros, cuando el clima familiar en nuestra casa se deterioró a causa de los problemas de mi padre y por estar con nosotros en el violento proceso de separación de mis padres, como se apoya en una familia al eslabón más débil.
  • Gracias por la infinidad de tardes junto a ti y el abuelo, en la mesa camilla, haciendo deberes mientras cosías, sesteabas, hablabas o veías la televisión.
  • Gracias por tu sonrisa cuando te cruzabas conmigo por la calle o cuando me llamabas a voces desde el balcón para que subiera a casa a por la merienda.
  • Gracias por recorrer media ciudad con tu carro de la compra buscando un bote de tomate barato para revenderlo en la tienda de mi madre más económico de cómo nos lo daba el proveedor y así, arañar algunos duros para la casa.
  • Gracias por permitirte ver cómo, por las mañanas, te peinabas tu trenza y te hacías tu moño, con infinidad de horquillas, y cómo lo lucías orgullosa.
  • Gracias por verte cocinar, horas y horas, delante de los pucheros y hacernos así gozar a todos de memorables guisos.
  • Gracias por tus veranos en la playa, que compartíamos con vosotros, por verte barrer las hojas del patio,  por ir a bañarte con el abuelo…
  • Gracias por las veces que te venías conmigo y con el abuelo a Socovos integrándote como una más en el pueblo y por mostrarte orgullosa de tu nieto.
  • Gracias por tu hermoso rostro y por tu piel tersa que hemos heredado casi toda la familia y que hace que quien nos conoce crea que tenemos menos años que los que en realidad dice nuestro carnet de identidad. Si hasta cuando te morías estabas guapa.
  • Gracias por tu fe, esa fe sencilla y profunda, que te hacía buena persona y que te hacía vivir las realidades de Dios con naturalidad y como una presencia viva y real.
  • Gracias por tu forma de hablar, por tus dichos y chascarrillos (“romero verde, romero mojado, si tú me quieres ya nos hemos apañado”) que me llevaban a otros tiempos y otra cultura, pero que conservaban un gran español rural, el de los pueblos de alrededor de Albacete.
  • Gracias por vivir tu deterioro y tu enfermedad, por convivir con el alzheimer, esa dura enfermedad que te iba haciendo desaparecer poco a poco.
  • Sí, te doy las gracias, porque para mí y para mi familia ha supuesto una prueba de amor. Estar a tu lado un montón de días, sólo vigilándote, a tu lado, me ha hecho ser mejor persona de lo que era, menos egoísta, más tierno y sensible. Y sé que muchos, a quienes no conoces, han aprendido a ser también menos egoístas viendo cómo estábamos a tu lado asumiendo algunos sacrificios por ti.
  • Gracias a tu enfermedad me he acercado más a mi madre y a mi hermana, las he redescubierto y he aprendido mucho de ellas. Lo que han sufrido por ti ha sido algo muy hermoso de contemplar.
  • Gracias tus muchas hospitalizaciones, de las que salía triste, abatido, pero con la alegría de que al menos estabas viva, con nosotros.
  • Gracias por tus últimos días.
  • Gracias por esos diez milagrosos minutos de lucidez en los que, tras meses sin hacerlo, nos reconociste a todos, nos distes besos, le dijiste a mi hermana que estaba muy guapa y me reconociste como tu nieto, el número uno, que siempre me lo decías, el que más querías.
  • Gracias por permitirme pasar una noche en vela pegado a tu cama de hospital, cuando ya no había esperanza, llorando y cogiendo tu mano sin fuerza. Fue una noche especial, la última contigo. Intuía que iba a ser la última.
  • Gracias por morir en Viernes Santo, cuando Cristo. Para un cristiano, entender y vivir el Misterio Pascual es lo más grande. Después de años celebrándolo has tenido que morir en fecha tan señalada para hacerme entender que no morimos, sino que vivimos más y mejor. Sólo he perdido tu presencia física, pero tu presencia nunca.
  • Y gracias por cuidarme desde el Cielo, y por estar gozando del descanso eterno y de la dicha perfecta, por estar junto a los que has querido y que te precedieron, preparándote el camino.

“Como la lluvia y la nieve bajan del cielo,

y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,

la fecundan y la hacen germinar,

y producen la semilla para sembrar y el pan para comer,

así también la palabra que sale de mis labios

no vuelve a mí sin producir efecto.”

Is, 55, 10-11a

Es el segundo Wittgenstein, el de Investigaciones filosóficas, quien imprime un giro pragmatista a su filosofía. Ya no se trata de buscar la logicidad del lenguaje, sus meras estructuras lógicas ni, por tanto, de reducir el lenguaje a la lógica. Ahora hay que estudiar cómo se comportan los usuarios en su utilización del lenguaje, cómo se habla, para qué se habla, qué intención tenemos al hablar. En definitiva, la filosofía del lenguaje sería la ciencia que busca delimitar el uso que hacemos los hablantes de la lengua, para qué nos sirve, cómo aprendemos a hablar y qué queremos hacer con la lengua (un pragmatismo lingüístico, en definitiva). Ya no hay que buscar sólo y exclusivamente el sentido de una proposición en la medida en que represente un estado de cosas lógicamente posible tal y como postulaba el Wittgenstein del Tractatus (si p entonces q…).

En la vida cotidiana nos manejamos así. Usamos la palabra con una intencionalidad, sea ésta la que sea. A veces el uso está cargado de alogicidad, pero no por eso deja de ser legítimo ni factible o deseable.

Así pues, como hablantes, cuando queremos herir, la palabra odio es la más adecuada. Hasta en su misma fonética es terrible. El te odio se asemeja a un venablo lanzado contra un venado con la intención de matar. ¡Y vaya si lo logra!

Si quisiéramos buscar otra palabra con significado hondo, amor es la primera que me viene a la cabeza. Por amor se han hecho las mayores proezas. Somos capaces, por él, de sacrificarnos de un modo indecible, de abandonar ese fondo de seguridad y comodidad que nos creamos para vivir en lo que pensamos que es paz y hasta de dar la propia vida. Recuerdo a san Maximiliano Kolbe, ese sacerdote polaco que se cambió para morir de hambre por un desconocido en el campo de concentración de Auschwitz alegando que él era viejo y estaba solo, debido a que su beneficiario lloraba por sus hijos ante la inminencia de su propia muerte. O la de infinidad de personas que por una mujer o un hombre lo han arriesgado todo por unirse de por vida a su amado, sin importarles nada. Quieren edificar, desde la cotidianeidad de una vida compartida, el gran edificio que es el amor de una pareja. O la madre y el padre que dejan de comer con tal de dar alimento y calor a sus polluelos.

Vivir en y desde el amor es el gran anhelo de mi vida. Por él he procurado moverme con mis errores, vicios y pecados, lo reconozco, que son muchos. He de confesar que es una de esas palabras que en mi corazón no están desgastadas ni suenan a hueco. El amor existe. No hay más que tener algo de sensibilidad para verlo a nuestro alrededor actuando.

La palabra amor, según su uso como entrega desinteresada a los demás, parece que es un continuo abandonarse en el otro pero no lo es. Somos humanos y vivir sólo dando es muy árido. Necesitamos, en términos económicos, un retorno de la inversión. Al final, sin saber cómo, el amor entregado encuentra su correspondencia y, de un modo u otro, vuelve a nosotros y nos premia. El premio suele ser: una vida feliz, una conciencia tranquila, la constatación de que para alguien You are the first, my last, my everithing, (tú eres mi principio, mi fin, mi todo) como cantaba Barry White u otras infinitas manifestaciones. El egoísmo sólo lleva al odio, a la soledad, a la intranquilidad constante, aunque sea posible creer que estamos bien instalados en él.

El otro día, una persona me dijo que desde que me trata había aprendido de mí a ser menos egoísta. Me sorprendió, pues mi ejemplaridad, por muchas razones, no es mucha que digamos. Pero el premio al sello que he puesto en ella  me llegó como un regalo cuando me prometió cuidarme siempre. Ese ha sido el mayor retorno recibido hasta ahora de las palabras y gestos (que también son lenguaje) que he invertido en ella.

En definitiva la palabra amor es como la lluvia y la nieve, que bajan a la tierra, la empapan, la fecundan y vuelven al cielo que las vio bajar. De ahí el poder de las palabras.

El pasado sábado día 18 de febrero y el domingo 19 quedamos en Sevilla una pequeña pandilla que se ha formado en twitter, los guapos reversibles (#reversibles o #guaposreversibles). Ese término lo acuñó @anafdezbosch. Con él se quiere dar a entender que sus miembros somo guapos, perfectos y maravillosos tanto por dentro como por fuera. Se nos da la vuelta (cualidad de reversibilidad) y somos igual de bellos.

Para mí el viaje comenzó muy temprano. A las tres de la madrugada salí de Albacete y emprendí mi periplo en coche. Ya la noche de antes @carmenjcc y @olgamagica quedaron a cenar con @espemorgado en su casa, en una amable velada.

Llegué a Sevilla sobre las nueve y recogí en el aeropuerto a @anafdezbosch. Un ángel negro que arrastraba una pequeña maleta, con un abrigo corto de piel, oculta la mirada tras unas gafas de sol y masticando chicle. Daba pasos rápidos hacia mí. Tras el saludo de rigor buscamos aparcamiento en Sevilla. En ese momento ocurrióseme decirle que hasta las dos nada de nada. Cada mochuelo a su olivo. La pobre pensaría que qué me pasaba para querer quedar tan tarde. Perplejidad.

Nada. Todo fue una confusión. Al poco, estábamos cerca de la calle Sierpes, y un poco más tarde todos juntos. Fue un feliz momento de encuentro. Personas de las que conocíamos mucho y con las que compartíamos infinidad de tuits y confidencias al fin nos podíamos mirar a los ojos y reconocer nuestros rasgos entrevistos si acaso en foto.

Cañas, tapas y a comer. Juntos ya  @espemorgado @carmenjcc @olgamagica @juangaso @anafdezbosch y un servidor. Se nos unió una persona inesperada que ya conocía @juangaso, @patridekimi. Se celebraba un evento político importante y ellos se encontraban en Sevilla por esa razón, trabajando. Sin problemas se integró con nosotros como una más. Vimos también a Carlos Latre, pero no se enrolló. Eso sí, lo pasamos bien riéndonos con él.  Se incorporó al rato @martasegura traída a nosotros por su amistad con @anafdezbosch.

La tarde acabó en una terraza tomando una copita con unas maravillosas vistas a la Giralda.

A la noche quedamos en un restaurante a cenar. El ambiente fue estupendo y la comida excelente. A los postres, en espíritu y corazón,  mi hermanica @vivotrini, que también es tan guapa reversible como su hermano, se materializó entre nosotros. Había preparado con mimo una cajita llena de dulces chocolates que consumimos con alegría. Al abrirla había sorpresa. Una serie de notitas de papel con “aquellos tuits que jamás deberíamos haber escrito” cada uno. La risa estuvo asegurada sólo con su lectura. Tuvimos el detalle de llamarla para agradecérselo. No estuviste físicamente con nosotros pero te has ganado un lugar en el corazón de todos y cada uno de los demás guapos reversibles.

Algunos acabamos en una discoteca hasta altas horas.

El domingo amaneció tranquilo para mí. Era temprano había dormido poco, es cierto y la resaca de la trasnochada se notaba, unida a un sábado intensísimo y un madrugón soberbio, pero no me iba a perder una mañana como aquella en Sevilla. Ya descansaría cuando pudiera.

Esa mañana fue dedicada sólo a una persona: @anafdezbosch. Quedamos cerca de la Catedral a tomar un café. Estuvimos un buen rato en una más que sincera y bella conversación. Una gitana nos echó la buenaventura y nos desplumó tras darnos a cambio una ramita de romero. ¡Qué gran vendedora! Nadie me había llamado “equesito” hasta entonces, vaya por Dios. Por ello me cautivó la gitana y por ello me sacó cinco euros que, si no me pilla algo despierto, se habrían convertido en algo más.

Al poco emprendimos un paseo cuyo fin fue mi coche. Fuimos al aeropuerto, comimos juntos y nos despedimos con un sentido abrazo.

Es mucho lo que aprendí de ese fin de semana de todos y cada uno de los guapos reversibles. Primeramente afiancé lo que ya sabía: que @anafdezbosch es una gran mujer que aporta muchísimo a mi vida. Fue un placer todo el fin de semana, especialmente esa mañana de domingo que compartimos solos. Te estoy muy agradecido por ser y estar y por ser un apoyo que te acercaste a mí cuando lo necesitaba y que me salvaste. He aprendido a ser más positivo, a vivir la vida a borbotones, a gozar de lo bueno de la vida y a sacar de mí lo que me mataba. Seguro que tú también aprendes de mí. Gracias. Ay, que lloro.

También estuve con la gran mujer que es @espemorgado que está más favorecida al natural que en esas fotos que pone de avatar en twitter. No sé por qué. Dulce y entera, fuerte y sensible. Y luchadora, buscando su felicidad y dando pasos, difíciles, pero necesarios para ella. Tu fuerza, tu valor y ese corazón que antepones muchas veces a la razón me hace sentir que a todo no hay que ponerle una razón y que hay que asumir los riesgos del corazón. No todo es cerebro.

Conocí a @juangaso, hombre de frente despejada, amable, sensible y con un humor que ya quisiera yo para mí. Qué gran amigo. Te quiero, amigo. Quisiera tener esa bonhomía, ese saber estar, esa bondad que nunca aburre, que habla por los codos. Nuestros encuentros futuros harán posible que pueda volver a disfrutar de ti.

Y qué pareja @olgamagica y @carmencjj. Tendríais que ver qué alegría, qué bondad y qué cariño desprende su humanidad. Son un verdadero encanto. La juventud que nunca se acaba, la amistad de tiempo, la confidencia que no se cierra en sí misma sino que se abre a mí y a los demás. Gracias por ser como sois y por esa gorra y esos leotardos de color rosa que lucís sin pudor alguno.

@patridekimi esa rubia del norte con ese acento tan de allí, que parecía que se la tragaba el móvil de absorta que se la veía a cada momento en el pero que era capaz al mismo tiempo de seguirte y hablarte y reírse contigo. Gracias por el azar que te trajo a mí. Eres grande.

@martasegura a quien seguía desde hacía tiempo y a quien puse cara en ese momento. Mirando la Giralda te tenía a mi lado. Hablamos de golf, de tu trabajo, de Sevilla, de Triana. Me costó entenderte en un primer momento, hasta que se me hizo el oído, pues ¡vaya acento el tuyo! Mu zevillano. Me encantaste. Encantado y feliz de haberte conocido.

Y María Ángeles, gran amiga de @espemorgado que se unió a nuestra panda y que también compartió con nosotros agradables momentos.

Y por último, mi hermanica @vivotrini que estuvo entre nosotros y con nosotros y que, gracias a twitter, está descubriendo un hermanico del que apenas tenía noticia debido a su cabezonería y a sus modales rústicos. Pero parece que va cambiando a mejor nuestra relación de hermanos. Unidos cuando las cosas nos van mal, pero distantes a veces. Tenemos que corregirlo. Y creo que lo vamos consiguiendo.

Evidentemente, esta imagen es ideal. Todos tenemos nuestros problemas, nuestros defectos, nuestras manías que conocemos o que vamos descubriendo, pero lo cierto es que eso no lo vimos ni lo quisimos ver. Fue una fiesta de la amistad. Un encontrarse. Gente que se quiere y que quiere compartir su cariño de un modo sano, que quiere gozar del otro y seguir queriéndose.

Twitter está cambiando las relaciones sociales. Su inmediatez, interactividad y ubicuidad favorecen el que acontecimientos como estos sean posibles. Personas tan diferentes, de lugares lejanos entre sí a veces, se empiezan a hablar en una red social, estrechan sus lazos, desean verse y buscan los medios para hacerlo y quedan satisfechas de lo que ven. Las personas limpias y buenas se conocen ya, sólo le ponen piel y carne a lo que ya habían percibido en infinidad de momentos. Bendita tecnología que hace que podamos y queramos saludarnos todas las mañanas, llamarnos, guasapearnos…

Al final, una ciática y una ampolla merecieron la pena. Ad usum privatum.

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