Juan Carlos Vivó Córcoles

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Tengo un nuevo post en mi blog: La conquista de la felicidad según Bertrand Russell. Espero que os guste. juancarlosvivo.com/2015/06/la-con…

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“Nada ha cambiado. Sólo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado”. Proverbio hindú.

Cuando dejé el sacerdocio hace ya casi cinco años me marqué una hoja de ruta bien clara: en unos dos años más o menos iba a tener un trabajo estabilísimo y muy bien remunerado e iba a tener a mis pies una especie de Cristina Pedroche y un enanito diciéndome: papá.

Pues bien, hoy en día tengo un trabajo que he consolidado hace poco, tras perder otro y estar un tiempo parado y he ido dando tumbos sentimentales con un par de relaciones fuertes, muchos amagos y alguna que otra aventurilla. Del niño, ni rastro, creo.

Todo ello ha provocado en mí, durante largo tiempo, una especie de ansiedad y unos sentimientos de frustración permanentes, bien aderezados con baja autoestima, aislamiento y un constante mal humor que transmitía mucha negatividad. En definitiva, creo que cometí el error de plantear mi felicidad en torno a la obtención de unos resultados.

Sin embargo, este verano ha sido un tiempo propicio para mí.

Al comenzar las vacaciones, en julio, tras unos días de adaptación al reposo decidí aprovechar el tiempo. Para ello me ayudó el vivir junto al mar, que ejerce sobre mí un poder relajante como pocas otras cosas lo hacen y la tranquilidad. Me dije: invierte todo este tiempo tiempo en ti; analízate, conócete mejor, cambia lo negativo que hay en ti y renace; vuelve a ser el que eras. No estás bien, tienes que cambiar.

Y sí. El tiempo ha sido bien aprovechado. Soy otro. Me veo un hombre nuevo, seguro de mí mismo, con metas claras, que sabe lo que quiere. Pero ya mi vida no gira en torno a la obtención de resultados, sino en torno a mi enriquecimiento personal, al cuidado de mí mismo, a generar en mí actitudes positivas. Porque el fracaso está ahí, inevitable. Pero estoy preparado para aprender de él. Y, aunque no renuncio a mis sueños, sé que unos se harán realidad y otros no, siempre a su ritmo y en el momento en que sean oportunos, no cuando a mí se me antoje.

Me conozco mejor. Ello ha llevado a un mayor dominio de mí mismo, a cambiar formas de pensar y de actuar. También mis relaciones personales y sociales han mejorado. Me veo simpático, sonrío, bromeo, beso y abrazo. He vuelto a la actividad física y me veo más guapo. Me encanta tocarme, ver que me salen bultos nuevos y que el bulto abdominal disminuye. Estoy recuperando a gente que he dejado en el camino (la lista de personas a las que le tengo que pedir perdón disminuye). Me abro a nuevas relaciones sin miedo, a nuevas amistades, a la profundización de las que tengo. He sabido crear en mí condiciones para rodearme de personas que me aportan y he sabido alejar de mí a vampiros emocionales y a personas que sólo buscan compensaciones a sus carencias. Tampoco las busco yo, por supuesto, aunque las he buscado y puede que así haya espantado a más de uno. Ahora puedo afirmar que quiero a quien quiero porque me quiero y puedo querer de verdad. Al quererme a mí mismo, estoy preparado para amar con entrega y para recibir el amor que se me da.

Sé que otra prioridad, aparte de mí mismo, es mi familia, mi corta familia: mi madre y mi hermana, el cuidado y la atención a ellas. Les tengo que pedir perdón por lo mucho que les he hecho sufrir y mimarlas. Que sepan que estoy ahí, en lo cotidiano, no sólo para ocasiones extraordinarias, en las que siempre he estado. Si ahora le cuento hasta a mi madre mis historietas. Impensable.

Estoy disfrutando, también, mucho de mi vuelta al trabajo. Me ven activo, creativo, con ganas, tratando mejor a mis chavales, apoyando a los compañeros, participativo, crítico sin ser cenizo… Tengo la suerte de tener trabajo, y un trabajo que me encanta, algo que en los tiempos que corren es maravilloso. Pero no le estaba sacando todo el jugo. Pese a lo maltratada que está la enseñanza en este país, pese a no tener una seguridad total en mi futuro laboral, ver crecer a pequeños seres humanos gracias, en parte, a mi influencia es muy gratificante.

También he vuelto a estudiar, a leer. Porque me apasiona el estudio y porque me abre horizontes, no sólo profesionales, sino personales.

Estoy cultivando más profundamente una afición que dicen que hago bien: escribir. Mi blog, mis colaboraciones y el deseo de afrontar pronto un proyecto más importante.

Voy ganando amigos, recuperando otros, abriéndome a gente nueva y maravillosa. Mi mundo se amplía.

Disfruto de placeres sencillos, de detalles pequeños de la vida: como los amaneceres en el mar, el ejercicio, la música, un paseo, la risa de un niño, la comida sana y los pequeños caprichitos que ya no son la base de mi alimentación…

Y, después de una relación sentimental complicada que me hizo mucho daño, pero de la que aprendí (supuso un punto de inflexión en mi vida) y que me generó un exceso de defensas ante la mujer, me veo preparado y con ganas para una relación seria. No deseo una Cristina Pedroche que no existe, sino una mujer sana y normal, pero especial y única para mí, que quiera ser feliz conmigo y que quiera que yo la haga feliz. Alguien con quien me sienta bien, que me llene, que ocupe mi pensamiento y mi corazón. Seguro que mi intuición me hará ver por quién debo apostar. Con mi renovada actitud, sé que es posible. Antes, no. Ya no me guía la ansiedad, sino la seguridad. Con lo cual, quien se me acerque ya no me verá débil, sino entero, lo que me hará más atractivo; ya no buscará lo que le falta, ni me utilizará, sino que me querrá.

Por supuesto que sigo teniendo muchos problemas, muchos defectos, que aún tengo que caminar mucho. Pero la mayoría de los problemas que tenía han desparecido como por ensalmo. Porque el problema era yo. Al estar bien, mi entorno está bien y toda nube en el horizonte desaparece.

En definitiva, que me veo un hombre nuevo, diferente, mejor. Me bebo la vida, me como el mundo. Sé que para ello tengo mucho cerebro, mucho corazón y que los tengo lo suficientemente gordos, negros y peludos.

Ya no actúo conforme a resultados, a metas. No me guía la ansiedad, la manipulación de la realidad conforme a mis intereses, sino el cultivo de actitudes positivas para la vida, para mi enriquecimiento. Ahí está el secreto. Bendito verano.

#Bebeabu, abuelita, bolita, hace dos meses ya que nos dejaste, pero quiero darte las gracias. Es lo último que puedo hacer por ti. Vuelvo al blog tras tres meses sin escribir porque te debía esto y me ha costado lo mío escribirlo. Si escribía algo antes sentía como que te estaba faltando.

  • Gracias, Dios mío, por haber hecho nacer a mi #bebeabu del abuelo Domingo y la abuela María y haberla hecho vivir noventa y un años.
  • Gracias por haber encontrado al abuelo y haber vivido con él setenta y cinco años compartiendo alegrías y penas. Mi hermana y yo decimos a menudo que vuestro matrimonio es el amor que quisiéramos para nosotros.
  • Gracias por haber traído al mundo a cuatro hijos, entre los cuales está mi madre.
  • Gracias por haber cuidado de ellos mientras el abuelo estaba movilizado, durante la Guerra Civil que, aunque lo tenían en plana mayor, haciéndoles café a los oficiales de su regimiento, sin pegar un tiro, fueron casi tres años sin él.
  • Gracias por haber soportado el peso de la familia cuando el abuelo se quedó ciego en el año 46, con tres niños pequeños. En el pueblo decían que os ibais a morir de hambre pero, gracias a tu fuerza y a no tener miedo al trabajo, pudisteis progresar.
  • Gracias por tener el valor de dejar el pueblo e ir a la ciudad en busca de una vida donde no se trabajase de sol a sol, buscando un porvenir mejor para tus hijos.
  • Gracias por contribuir a crear una gran comunidad de vecinos en tu bloque de pisos de Albacete, donde se vivía como en una gran familia.
  • Gracias por alegrarte con mi nacimiento y por no importarte cuidarme en mi más tierna infancia, cuando mis padres se fueron a trabajar a Suiza y me dejaron a tu cargo.
  • Gracias por estar ocho meses en la Fe de Valencia al lado de un hijo de catorce años, sin separarte de su cama, viendo cómo se te moría de cáncer.
  • Gracias por proteger a mi madre y a nosotros, cuando el clima familiar en nuestra casa se deterioró a causa de los problemas de mi padre y por estar con nosotros en el violento proceso de separación de mis padres, como se apoya en una familia al eslabón más débil.
  • Gracias por la infinidad de tardes junto a ti y el abuelo, en la mesa camilla, haciendo deberes mientras cosías, sesteabas, hablabas o veías la televisión.
  • Gracias por tu sonrisa cuando te cruzabas conmigo por la calle o cuando me llamabas a voces desde el balcón para que subiera a casa a por la merienda.
  • Gracias por recorrer media ciudad con tu carro de la compra buscando un bote de tomate barato para revenderlo en la tienda de mi madre más económico de cómo nos lo daba el proveedor y así, arañar algunos duros para la casa.
  • Gracias por permitirte ver cómo, por las mañanas, te peinabas tu trenza y te hacías tu moño, con infinidad de horquillas, y cómo lo lucías orgullosa.
  • Gracias por verte cocinar, horas y horas, delante de los pucheros y hacernos así gozar a todos de memorables guisos.
  • Gracias por tus veranos en la playa, que compartíamos con vosotros, por verte barrer las hojas del patio,  por ir a bañarte con el abuelo…
  • Gracias por las veces que te venías conmigo y con el abuelo a Socovos integrándote como una más en el pueblo y por mostrarte orgullosa de tu nieto.
  • Gracias por tu hermoso rostro y por tu piel tersa que hemos heredado casi toda la familia y que hace que quien nos conoce crea que tenemos menos años que los que en realidad dice nuestro carnet de identidad. Si hasta cuando te morías estabas guapa.
  • Gracias por tu fe, esa fe sencilla y profunda, que te hacía buena persona y que te hacía vivir las realidades de Dios con naturalidad y como una presencia viva y real.
  • Gracias por tu forma de hablar, por tus dichos y chascarrillos (“romero verde, romero mojado, si tú me quieres ya nos hemos apañado”) que me llevaban a otros tiempos y otra cultura, pero que conservaban un gran español rural, el de los pueblos de alrededor de Albacete.
  • Gracias por vivir tu deterioro y tu enfermedad, por convivir con el alzheimer, esa dura enfermedad que te iba haciendo desaparecer poco a poco.
  • Sí, te doy las gracias, porque para mí y para mi familia ha supuesto una prueba de amor. Estar a tu lado un montón de días, sólo vigilándote, a tu lado, me ha hecho ser mejor persona de lo que era, menos egoísta, más tierno y sensible. Y sé que muchos, a quienes no conoces, han aprendido a ser también menos egoístas viendo cómo estábamos a tu lado asumiendo algunos sacrificios por ti.
  • Gracias a tu enfermedad me he acercado más a mi madre y a mi hermana, las he redescubierto y he aprendido mucho de ellas. Lo que han sufrido por ti ha sido algo muy hermoso de contemplar.
  • Gracias tus muchas hospitalizaciones, de las que salía triste, abatido, pero con la alegría de que al menos estabas viva, con nosotros.
  • Gracias por tus últimos días.
  • Gracias por esos diez milagrosos minutos de lucidez en los que, tras meses sin hacerlo, nos reconociste a todos, nos distes besos, le dijiste a mi hermana que estaba muy guapa y me reconociste como tu nieto, el número uno, que siempre me lo decías, el que más querías.
  • Gracias por permitirme pasar una noche en vela pegado a tu cama de hospital, cuando ya no había esperanza, llorando y cogiendo tu mano sin fuerza. Fue una noche especial, la última contigo. Intuía que iba a ser la última.
  • Gracias por morir en Viernes Santo, cuando Cristo. Para un cristiano, entender y vivir el Misterio Pascual es lo más grande. Después de años celebrándolo has tenido que morir en fecha tan señalada para hacerme entender que no morimos, sino que vivimos más y mejor. Sólo he perdido tu presencia física, pero tu presencia nunca.
  • Y gracias por cuidarme desde el Cielo, y por estar gozando del descanso eterno y de la dicha perfecta, por estar junto a los que has querido y que te precedieron, preparándote el camino.

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