Juan Carlos Vivó Córcoles

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Aunque consuma;  aunque en estos días viva la primera Navidad sin mis dos abuelos y nuestra mesa haya sido especial aunque pequeña (sólo tres personas); aunque haya gastado en regalos y alimentos caros; aunque me haya dejado llevar por el sentimentalismo ñoño y vacío de estas fechas, la Navidad es una fiesta de fe, de lo que se cree sin haberse visto, de lo que subvierte toda racionalidad.

Todo esto lo aprendí hace dos años, cuando viví la Navidad más Navidad de mi vida en un hospital, con mi familia. Tantos años hablando de ella y celebrándola desde el altar, y no fueron las palabras sino las experiencias las que hicieron entender y vivir la Navidad en su sentido más profundo.

Es la fiesta de lo ilógico. Dios, el omnipotente, el creador, asume la condición de niño, se convierte en carne mortal, frágil. Y lo hace como niño, como lo más indefenso. No es asumir la condición humana como si fuera hombre, como pensaban las herejías adopcionistas, sino como verdaderamente hombre, con todas las consecuencias.

Por eso Dios vivió las consecuencias del pecado, de la injusticia, fue perseguido, torturado y murió. Si Dios no se hace hombre, si no se hace Emmanuel (Dios con nosotros), no seríamos salvados. Dios ha tenido que compartir lo mismo que nosotros somos, incluso lo más doloroso para efectuar su mayor acto de amor.

Jesús no nace rico, ni muestra su poder real y profético con poder. Busca una familia pobre, sencilla, de un rincón recóndito de Roma, en un pueblo pequeño, con historia, eso sí, pero que profesa una extraña religión monoteísta y que ha estado sometido casi siempre al dominio de otras naciones. Y nace desplazado de su hogar, emigrante, y ni siquiera en una cuna. Con ello muestra que la Encarnación de Cristo es también política. La salvación no sólo es espiritual, sino que también es liberación, opción preferencial por el pobre. Es un movimiento de Dios integral en pro del hombre total. No se puede disociar, por tanto, -y Dios no lo hace- en el ser humano lo corporal y material y su dimensión espiritual.

Jesús desde el portal de Belén manda una señal: que la humildad, la entrega por los demás, el amor entregado, que no espera nada a cambio, la dedicación al pobre, al que no tiene nada, la búsqueda de nuestra felicidad y de la felicidad de los demás son legítimas aspiraciones y tareas que engrandecen a quien las hace suyas. que desde Jesús deben estar presentes en una Navidad que se debería prolongar todo el año.

Dios no está lejos, en su cielo, está con nosotros, entre nosotros. Su cercanía nos ha liberado del pecado y de la muerte. Con ello ha potenciado la dimensión más radical y fundante del ser humano: la trascendente, que nos hace vivir lo inmanente desde los ojos de la fe. Ha nacido en todos y cada uno de los seres humanos, aunque no lo reconozcamos. Terco como es Él, ha plantado una tienda de campaña en el corazón de todo hombre.

“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1, 14) y con su campamento se ha roto la lógica humana, que se desvincula muchas veces de lo lógico, con lo más ilógico: el amor. Porque como decía Pascal “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Dios es amor, y el amor es corazón y el corazón se aleja de la razón al uso.

Feliz Navidad.

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Se acerca la Navidad. Toca enternecer el corazón. La época es propicia para eso. También nos proponemos mejorar en algo, hacer algo diferente y bueno, cambiar para ser mejores. Es época en la que nos ponemos todos más solidarios. En mi colegio hay en marcha recogida de alimentos para la Cáritas parroquial; se ha organizado una recogida de tapones de plástico que luego se venderán y los beneficios serán para una asociación que promueve la investigación de enfermedades raras. Sin duda todos contribuís a algo o con algo en cualquier campaña solidaria en Navidad.

El otro día escuchaba un programa de la Cope mientras conducía. El locutor hablaba de la iniciativa de oración y ofrecimiento del trabajo y el estudio por Cova (Covadonga Sanz Guti) y de su amigo Diego. El 19 de noviembre se viajaban en coche por el distrito de Fuencarral, en Madrid cuando sufrieron una colisión frontal con un todoterreno. A causa del mismo, dos compañeros de Cova murieron. Ella misma y su compañero Diego resultaron heridos. Cova se encuentra en estado crítico desde entonces en el hospital de la Paz. Ha sufrido la amputación de una pierna y diversas heridas que la mantienen en el estado en el que está. Cova

Su tío publicó el siguiente tuit: “Hola. Soy Guille, el tío de Cova. Estoy rodeado de un equipo impresionante. Os vamos a contar cómo está ella”. Desde ese momento, los amigos de Cova abrieron una cuenta @aupacova  con hashtag asociados como #iprayfordiego para que se pudiesen volcar expresiones de ánimo, ofrecimientos y oraciones por ella. La curiosidad me pudo. Me puse a seguir la cuenta y a revisar los tuits que se publicaban. Casi todos eran del tipo: “Siempre con @aupacova y #diego! Porque sabemos que es un mal episodio,que acabaraa bien!ser fuertes! #seguimosconvosotros!”, “@aupacova mis horas de estudio de matematicas van dedicadas a ti. Sigue luchando asi!”, “@aupacova nos estáis haciendo mejores con vuestra fuerza y vuestro ejemplo” o  “@aupacova muy bien cova, eres fuerte nos estas dando una leccion. hoy SanNicolas nos ayudara a todos. seguimos dedicando la oracionytrabajo”. También, a veces, se informa del estado de Cova y Diego con tuits como éste: “INFO: Diego sin fiebre. Cova sin fiebre. Diego muy muy prometedor. Cova le seguirá enseguida. Todos llenos de esperanza, fuerza, ternura, fe y alegría.

Los seguidores de esta cuenta no son ni los grandes gurús de Internet ni el famoseo tuitero habitual, aunque sabemos que algún futbolista famoso se ha unido a la iniciativa. Ni tampoco encuentro a nadie de mi Time Line, algunos de ellos grandes tuiteros o propietarios de blogs influyentes. Por el contrario, casi todos son chavales jóvenes, adolescentes como Cova, que siguen a muy pocos y son seguidos sólo por sus amigos. Usan twitter como pueden usar tuenti. No tienen nada que vender, ni grandes contenidos que volcar, ni están como yo con el iphone4 haciendo de twitter un vicio diario. Jamás han oído hablar del marketing online, ni de reputación en la red ni de otras mandangas. Ni falta que les hace. Pero cada cierto tiempo, escriben en @aupacova que se van a esforzar por estudiar cuatro horas, por ser más cumplidores en su trabajo, por rezar un poquito, por ser más responsables con sus cosas. Y eso lo hacen con el motivo de ofrecérselo a Cova y a su amigo Diego, sabiendo que el sacrificio y la oración son útiles.

Muchos somos los que creemos en el poder de la oración. Esa actividad humana y divina que nos pone en contacto con Jesucristo, el Dios vivo y verdadero que esperamos que se encarnará en lo más débil que hay en este mundo: un bebé recién nacido. Millones de personas a lo largo de la historia se han recogido en su interior y, solos o con otros, han cogido el teléfono y han conectado con el whatsapp de Dios. Él siempre se pone y escucha. Nos da lo que necesitamos y le pedimos. Se alegra cuando le agradecemos lo que hace por nosotros.

Cova y Diego son los bebés que tengo que cuidar esta Navidad. Su cama de hospital y la de Diego son mi portal y mi ofrecimiento de lo que trabaje estos días, mi regalo. Mi oración quiere ser como la de los pastores admirados ante el Niño Jesús, sencilla pero intensa.

Hay muchas otras situaciones duras y difíciles que necesitan que Cristo nazca en ellas para que puedan ser salvadas. Sólo con la ayuda de Dios y la solidaridad de todos se consigue. Por eso, en mi oración y mi trabajo por Cova quiero incluir a todos los que necesitan algo de mí.

El año pasado tuve una de las Navidades más felices de mi vida. La pasé en el hospital con mis dos abuelos ingresados desde el día 26 de diciembre. Mi portal de Belén fue la habitación 169 del hospital “Perpetuo Socorro” de Albacete. En ellos adoré al niño Jesús que nació de nuevo. Dios se llevó en pocos días a mi abuelo y nos dejó a la abuela para que prolongáramos esa adoración en sus pañales, su oxígeno y su alzheimer, en sus noches hablando y no dejándonos dormir… Pero fue la voluntad de Dios la que me dio esa feliz Navidad para que fuese mejor persona desde entonces, menos egoísta y más volcado hacia los débiles. Fue su regalo por adorarle en mis viejitos.

Ésta es la verdadera Navidad. El espíritu de la Navidad es ponerse a los pies de Jesús que nace para ofrecer lo que somos y ser mejores desde la luz de Belén. Pero nos ha dado por pervertirlo, ocultarlo, despojarlo de toda referencia religiosa, comercializarlo todo, dotar a la Navidad de un aire meloso y repulsivo en el fondo y así nos va.

Mi Navidad será Cova, su amigo Diego, su familia, y desde ellos, mi familia, mis amigos, mi twitter, la gente que no conozco ni conoceré jamás. Ponerse a los pies de quien sufre es ponerse a los pies de Jesús.

@apuacova, @aupadiego Os queremos y os tendremos sanos entre nosotros. Gracias por hacer mejor a tanta gente desde un hospital. Feliz Navidad a los dos.

Os invito a que os suméis a la iniciativa, desde Cova y Diego para llegar desde ellos a todo ser humano que sufre. Feliz Navidad.

Una lectura que me fascinó en su momento y a la cual vuelvo cada cierto tiempo fue Los ojos de la fe (Les yeux de la foi – 1910) del teólogo y sacerdote Jean-Pierre Rousselot (1846-1924). Quien haya estudiado fonética o dialectología no dudará en reconocer su valía como uno de los fundadores de la fonética experimental y uno de los pioneros de la dialectología. Su obra Principes de la phonétique expérimentale (1897-1909) es una referencia básica en la disciplina.

Pierre RousselotPero también en el campo de la teología fundamental su aportación es muy tenida en cuenta, aun en la actualidad (el pensamiento de Hans Urs von Balthasar o del mismo Joseph Ratzinger están muy influenciados por él).

La teología fundamental estudia las bases de credibilidad de la fe, aquello que hace comprensible, teniendo en cuenta su realidad mistérica. Es decir, busca la razonabilidad del acto de fe.

Pues bien, Pierre Rousselot, en el año de publicación de Les yeux de la foi se encontraba en medio de posiciones teológicas que o bien inclinaban el fiel de la balanza hacia la razón, eliminando los elementos volitivos o emocionales del acto de fe (el asentimiento de fe), o bien hacia el lado contrario, minusvalorando lo razonable que hay en la fe.

La postura de Rousselot busca el equilibrio. Desde san Agustín,  con su Habet namque fides oculos suos (la fe tiene sus propios ojos) se ha tratado de conciliar razón y voluntad al hablar de la fe. La fe tiene sus propios ojos dice Agustín de Hipona. Es decir, que, para que se entienda, la fe en Dios da una cosmovisión diferente de las cosas al ser humano y unos motivos a la hora de actuar muy peculiares. Yo, como creyente, actuaré del mismo modo que un no creyente, pero mis motivaciones y las razones que daré de lo que hago serán diferentes. Del mismo modo cuida de un enfermo un ateo que un creyente, pero el creyente ve en el enfermo a Cristo crucificado. Esa visión, fruto de la voluntad de querer ir más allá, es un acto volitivo, pero también funda una racionalidad, otorga al creyente motivos para seguir creyendo.

La luz de la fe, los ojos de la fe, ofrecen un nuevo objeto de conocimiento irreductible a la razón, pues no se puede explicar del todo, pero también lleno de “irracionalidad” si por tal entendemos todo aquello no explicable, sino que proviene de un asentimiento, de un salto en el abismo irracional.

¿Por qué me encanta este autor? Pues porque ha sabido aportar algo que para el creyente es básico: motivos de credibilidad de lo que es el motor de la vida unido a la justificación del valor intrínseco del acto de creer, que es compromiso con algo de lo que no se tiene certeza.

Pero cuando nos ponemos a trabajar en un proyecto que nos ilusiona, cuando depositamos nuestra confianza en una persona, cuando expresamos nuestro asentimiento a algo que se nos ha dicho pero que no hemos experimentado directamente, estamos, como Rousselot poniendo a funcionar nuestra razón que lleva a decir sí y nuestras ganas de fiarnos de algo que no sabemos fehacientemente qué es. Cuando actuamos ¿no estamos ejerciendo un acto de fe en lo que hacemos? ¿Y podemos explicar lo que nos mueve? Muchas veces sí. Otras, quizá no. En definitiva, y en lenguaje 2.0: coaching del bueno. Yo lo ficharía para dar animar y motivar a más de un equipo de trabajo.

Finalmente os facilito un enlace a la obra completa:

Los ojos de la fe


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