Juan Carlos Vivó Córcoles

¿Recurso humano? No, persona

Posted on: 10 julio 2012

Esto de saber algo de latín y descubrir la evolución de sus palabras hasta el español te manifiesta verdaderas preciosidades en la etimología y en los cambios semánticos que se producen en ellas. Así, la palabra “persona”, en un principio, tenía un significado muy concreto: el de la máscara que usaban los actores en el teatro. Posteriormente, pasa a designar la persona completa. Cicerón distingue cuatro usos: el de apariencia, el de rol social, el de personalidad y el de unidad de cuerpo y alma. El proceso va adquiriendo, pues, abstracción paulatina, englobando muchos más aspectos que al principio. El viaje del vocablo fue, por tanto, de lo externo y superficial a la totalidad del ser humano, de una careta, a designar a esa realidad tan compleja de nuestra especie. De la superficie al todo, en definitiva, comprendiendo al ser humano como una totalidad, sin reduccionismos.

Puede que una de las corrientes de pensamiento que más hayan hecho por una comprensión del ser humano totalizante haya sido el personalismo, a lo Mounier. La tentación de la mayoría de corrientes filosóficas contemporáneas, sin embargo, ha sido la contraria: el reduccionismo antropológico. A la persona se la enfoca desde uno de sus aspectos exclusivamente. Toda otra manifestación está explicada desde ese punto de vista, siendo, por tanto, un derivado suyo: el ser humano es la economía y sólo economía; el ser humano es angustia vital desesperada y solo eso; el ser humano es mera conciencia, o intuición, o incluso sólo erótica, como defendía Freud en alguna de sus obras. Sin embargo, se echan en falta visiones totalizadoras. En el fondo, pienso que se trata del esfuerzo de la racionalidad ilustrada, cuando se endiosa a sí misma, en un uso perverso, por dominar al ser humano, excelentemente aprovechado por el sistema económico y político de turno, sea el que sea.

Por influencia de algunas personas he empezado a leer artículos en Internet sobre Recursos Humanos. La verdad es que me interesa mucho. Porque además de los modos y medios de seleccionar a un candidato para un puesto de trabajo, se tocan contenidos intelectuales que me estimulan como los relacionados con el mundo de la psicología (motivación, esfuerzo, mejora personal, habilidades personales, autosuperación, visión positiva de la vida), con el mundo de la sociología (los equipos y su gestión, la interacción humana, el conflicto y su resolución), con el mundo político y social (el desempleo, la pobreza, la justa remuneración del trabajo, etc.), con el mundo antropológico y filosófico (qué es el homo laboralis, qué percepción de la persona hay detrás, la filosofía del trabajo…) y con el mundo de la educación (formación, capacidades, adiestramiento). Percibo por tanto, desde fuera, los Recursos humanos como un campo interdisciplinar fascinante donde se está produciendo una reflexión sobre el ser humano más profunda de lo que podría parecer la mera selección de personal o la tramitación de un alta laboral o el cálculo de un nómina.

Pues bien, quiero, sin embargo, exponer una queja: el que a la persona se la denomine “Recurso humano”. Oiga usted, que yo no soy un recurso humano. Que soy un ser humano que trabaja, un trabajador y no sólo eso, alguien que quiere hacer de su trabajo un medio de vida digno con el que satisfacer sus necesidades, con el que crear y mantener a una familia, con el que realizarse como persona, e incluso, en el caso de un creyente como yo, colaborar en la obra de la Creación. Pero la expresión me suena odiosa: “Recurso humano”. Da la sensación de que se me quiere reducir a algo al mismo nivel que un “recurso no humano”: una máquina, una herramienta más. Se cuela en una disciplina seria el reduccionismo antropológico propio de la razón moderna, como ocurre en otros campos. Eso opino.

Se habla, por ejemplo, siendo más concretos, de selección de personal, de cómo seleccionar. Evidentemente, hay que ver qué persona es más idónea para cada puesto de trabajo. Me ponen una azada y un bancal para que trace un surco recto y veremos si no se le parece a una carretera del Himalaya. Pero cuando leo “selección de personal” se me viene a la cabeza un rebaño de ovejas, en el que un pastor omnipotente buscase a la más perfecta desechando a las demás. Y yo, de oveja tengo poco, de ovejo, algo.

Por otro lado se ve como normal, y parece que está de moda, el investigar la huella que dejamos en Internet y en las Redes Sociales y, como leí hace no mucho, se llega a pedir incluso la clave de Facebook para que el selector de personal investigue si el candidato ha colgado alguna foto bebido tras salir de una fiesta. Si no se entregan las claves, no se es admitido al proceso de selección. Es condición sine qua non.

Dejando de lado innumerables ejemplos que se podrían enunciar, la verdad trabajo es algo hermoso. Fatigante, pero necesario. Qué placer nos produce algo que hemos hecho con nuestras manos, algo bello, bien hecho, que sirve, que es útil, que se valora por los demás, que se nos felicita por ello. El acceso a él es un derecho; las condiciones de trabajo y la remuneración del mismo, otro. A la selección de personal habría que pedirle que fuera de seres humanos, de personas, no de recursos humanos.

En el fondo es lo mismo de siempre: reducir a la persona a un eslabón de la cadena productiva, a algo usable, como se puede usar un martillo, a algo a lo que se le puede extraer rendimiento hasta exprimir y, si se rompe, o se vuelve molesto porque pide cosas o cuestiona usos, a una pieza sustituible por otra. Por eso se elige como se puede hacer con una broca de tal calibre para tal uso concreto, nada más.

¿Se considera al candidato al puesto de trabajo como alguien que piensa, que siente, que sufre y se alegra, que tiene un cuerpo que muchas veces es frágil, que tiene una historia detrás y un futuro delante, que vive un presente, que tiene consigo a otras personas que la quieren o que están a su cargo, que pretende, en definitiva, ganarse la vida honrada y justamente con el sudor de su frente?

Quiero que quien me elija me vea como un todo, en mi dignidad y una vez elegido me trate como debe ser, y si no cuenta conmigo, también. No soy un recurso humano, soy una persona. Dejé hace tiempo de ser la máscara de un actor. Las palabras, en definitiva, dicen mucho, no son flatus vocis, términos vacíos, mera conjunción armónica de fonemas. El significante que se use denota una intencionalidad, por eso no tiene un significado neutro un término u otro. No vale uno u otro. Las palabras expresan siempre la intencionalidad de quien las usa.

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6 comentarios to "¿Recurso humano? No, persona"

Adortunadamente muchos profesionales del ramo rechazan el nombre

Me alegro de que así sea.

Hola Juan Carlos, muy interesante y muy de acuerdo con lo que expones, de hecho se lleva tiempo intentando cambiar de rrhh a capital humano o gestión del talento pero, como todo cambio, cuesta … a ver si lo logramos.

Sólo hay una frase con la que no sé si estoy del todo de acuerdo, “Las palabras expresan siempre la intencionalidad de quien las usa.” … muchas veces no es tanto intencionalidad, como ignorancia de cómo expresar lo que se quiere expresar mejor.

Lo dicho, por lo demás, me ha gustado mucho. Felicidades 🙂

Gracias: lo de capital humano, tampoco. Lo que me comentas parte de la filosofía del lenguaje y de las teorías del significado, la pragmática. Me sale mi formación sin darme cuenta.

Al final, todos llegan a ser un Recurso humano, y ese que nos trata mas así, mirándonos desde arriba, también es un Recurso Humano y otro lo mira igual, es una cadena de no acabar… Y tienes razón, no somos ningún recurso humano, y menos un paquete, somos seres humanos, como todos, con los mismo derechos y con el deseo solo de trabajar dignamente, para tener una vida digna y darle una vida digna nuestras familias… Interesante Articulo, como todos los tuyos… Sigue Así Juan… 🙂

Muchas gracias. Pues sí, en pocos trabajos se ve algo más allá que una pieza en un engranaje productivo.

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